El demonio de la Nicotina


Promediando la década de 1960 empezamos a conocer los efectos nocivos del cigarrillo a nivel físico y el mundo quedó dado vuelta.

Las grandes industrias versus la salud pública enfrentadas en lo que probablemente fue uno de los rounds más largos de una pelea eterna.
Con el paso de los años, la salud pública fue ganando la pulseada y al día de hoy, hasta el más despistado de los fumadores está al tanto de los efectos nocivos del tabaquismo.
Fumar o no fumar, en última instancia, es una decisión personal. Pero nadie ignora los perjuicios inherentes al pucho.


De esa época data un preconcepto que recién en los últimos años empieza a desmitificarse: El demonio de la Nicotina.
Históricamente, a nivel conocimiento colectivo, se le atribuyó siempre a la nicotina el daño a la salud que genera el cigarrillo. “Nicotina”. La palabra per se ya asusta. Suena a algo duro, que si te metés, no salís más.


Y si bien la evidencia científica la exonera de la mayoría de los males que se le adjudican, la opinión pública no perdona ni olvida, y por eso los mismos perjuicios que genera el cigarrillo, son atribuidos - erróneamente - al vapeo y a cualquier otra terapia de reducción de daños del tabaquismo. “Si tiene nicotina, seguro genera cáncer… igual que el pucho”.


Para quienes sabemos lo que vapeamos, a esta altura esa idea ya nos resulta ridícula. Sabemos que la nicotina nos hace dependientes, pero que el cáncer y las enfermedades respiratorias son generados por las miles de sustancias que se liberan en forma de humo cuando el tabaco es combustionado e inhalado.
Ahora les proponemos salir de la enfermedad y correr por un minuto la óptica hacia el otro extremo: el de la salud. La nicotina no sólo no es la culpable de todas esas enfermedades, sino que lejos de serlo, se está empezando a emplear paulatinamente con fines medicinales y terapéuticos. Y sobre esto, no leímos nada en ningún diario.


Si bien la nicotina es el componente que nos hace dependientes (ya sea al tabaco, al vapeo, a los chicles, etc), en los últimos años la comunidad médica y científica viene demostrando de forma sostenida que la nicotina puede usarse a favor de la salud.


Si vamos a repasar sus usos y propiedades, como punto de partida tenemos que hablar de qué es la nicotina. Y la respuesta es muy fácil: un repelente.
La Nicotina natural (que no es la misma que se produce sintéticamente en un laboratorio), es empleada por múltiples plantas, principalmente el tabaco, como un repelente natural que mantiene a raya a las diferentes plagas. Es un mecanismo de defensa natural.
Pero no solo el reino vegetal se aprovecha de la polémica sustancia. Nosotros, los humanos, también.


Uno de los principales síntomas de la abstinencia a la nicotina que declara cualquier persona que deja de consumirla, es la ansiedad. Y eso se debe a que la nicotina, usada en dosis correctas, actúa casi de forma inmediata sobre los receptores dopaminérgicos del organismo, regulando el ánimo y también el sueño.
Por otro lado, la nicotina también trae aparejado un efecto mitigador del estrés, debido a que reduce la actividad del cerebro, o mejor dicho, de la Default Mode Network (DMN), que es una red de regiones del cerebro que se mantiene activa básicamente cuando no estamos haciendo nada hacia el exterior, pero sí hacia el interior. Pensando, charlando con nosotros mismos, “maquinando”, planeando lo que vamos a cenar o lo que tenemos que hacer mañana en el trabajo.
Esto también nos ayuda a mejorar el desempeño de algunos mecanismos que se ven afectados por la ansiedad y el estrés, como la concentración, la atención y la memoria.
¿Alguna vez se preguntaron por qué la gente fuma más cuando estudia, por ejemplo? Es exactamente por eso. Porque la acción contra el estrés de la nicotina y la agudización estos mecanismos.


En palabras del Dr. David Abrams, psicólogo clínico y ex director de la Oficina de Investigación en Ciencias Sociales y del comportamiento de la New York University, Director del National Institutes of Health, y Director Ejecutivo fundador del Schroeder Institute for Tobacco Research:


Lo que no se considera cuando se discute el efecto de la nicotina como una droga, sobre todo en jóvenes y adolescentes que se sienten atraídos por ella, es que quizás la sensación de "no poder dejarla" está asociada a una mejora en la concentración, la memoria, y es que la nicotina tiene sustancias químicas similares a la de los medicamentos que usan para tratar el Trastorno de Déficit Atencional con Hiperactividad (TDAH), que contribuyen con la estabilización del estado de ánimo, que mejoran la concentración y el enfoque de la atención, así como el estado de alerta.
Estos aspectos son diametralmente diferentes a la "recompensa" que se le atribuye a otras drogas, como la heroína y la cocaína.
A diferencia de éstas, la nicotina no es una droga de gran "recompensa", pero usada en dosis adecuadas, ayuda a que nuestro cerebro se sienta bien y funcione mejor.
La Nicotina puede ser una buena droga para algunas personas, y no hemos estado tan abiertos a esa idea como deberíamos, porque fue demonizada al estar asociada con el humo tóxico del cigarrillo.


Por otro lado, la evidencia científica demuestra que los receptores nicotínicos del cerebro desempeñan un papel fundamental para su normal funcionamiento. Casualmente, la pérdida de estos receptores es observada con claridad en personas que padecen Alzheimer, y estudios demuestran que la administración de nicotina en dosis seguras y controladas estimula y multiplica los receptores nicotínicos, mitigando así la pérdida de memoria tan característica del Alzheimer.

Otro campo donde la nicotina se presenta como una variante farmacológica prometedora, es para el tratamiento del Síndrome de Tourette, diagnóstico muy frecuente en niños y niñas, que se caracteriza por la presencia de tics nerviosos de todos los tipos posibles.
En la actualidad, existen múltiples casos de personas que lograron reducir la intensidad y la frecuencia de los tics gracias al uso de parches de nicotina. Sin embargo, los casos empíricos deben acompañarse con sustento científico, y actualmente la comunidad médica continúa investigando este punto. De todas maneras, un avance en ese sentido significa que la nicotina puede ser el artífice de la mejora en la calidad de vida de millones de personas que padecen este síndrome.


Podríamos extendernos durante horas escribiendo sobre los posibles usos terapéuticos de la nicotina, pero no queremos dar por cierto lo que aún está en proceso de investigación.


La finalidad de este post no es tirarle flores a la polémica sustancia, sino que podamos separarla de los males que se le atribuyen desde hace más de 60 años, por culpa del cigarrillo.


Es hora de sacarle los cuernos al demonio de la nicotina.


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